
Cada intento es un vendaval de cansancio. Las piernas se me aflojan.
El viento sigue su curso. Los labios se secan y sangran. Arena.
La mandíbula tiembla y las púas se retuercen en mi abdomen.
Dolor cristalino y delicioso. Sangre decorativa. Inactividad.
Y de pronto amplios ventanales que dan a cuevas llenas de fotos.
La gente que no está. Los fantasmas. Los cadáveres. Los traidores.
La caverna respira, acida. Vapor. Y mi retina se humedece.
Mis labios balbucean, ceden, se cierran. Mutan, gritan.
Pronuncio nombres. Invoco recuerdos. Vienen a mis brazos cuan hijos.
Amores macerados, cariños congelados, risas huérfanas.
Retazos sin sentido. Rejunte de dolor. Clavos. Glándulas.
Olor a fuego y sabor a pan. Muertos, muchos, ausentes, todos.
Ella nunca sabrá cuanto la quiero, cuanto la quise, como la extraño.
Ella no va a entender porque me fui, no va a querer entenderlo.
Ella no habla de mi, elude referencias a voluntad, pero sabe que estoy ahí.
Ella me visita en una risa, en una mirada, en una actitud.
Él se dejó manipular. Él y yo. Él y nadie. Yo y él. Nadie y nadie.
Fue mi hermano. Fuimos mejores amigos por contrato. Nos enloquecimos.
Nos divertimos como nadie. Nos reímos, nos entendimos, reñimos.
Me confesó. Cerré mi boca. Confió y confiaría hoy también. Siempre supo.
Ella era mi confidente basura. Era un mensaje al viento. Era paz.
Ella entendía los mecanismos, sabia que cable había que tocar. Reparaba.
Ella se resignaba al sufrimiento, pero enaltecía su cabeza. Lloraba.
Ella supo acompañar. No le pagué como debía. Éramos hienas gemelas.
Él nunca sabrá que fue mío secretamente, desde el ápice de esa primer mirada.
Oí que se caso. Oí que subió y bajo, que rodó, que desapareció.
Él tiene que haber sabido, él se tuvo que dar cuenta. Era miel y vinagre.
Era firme, era íntegro, era confuso, era sagrado, fue mi amigo.
Él lo fue todo. Él murió como un redentor, como un patriarca.
Él vivió, él me baño en el perfume de su aplomo. Él guió. Él juzgó.
El silencio era nuestro puente. Nos sentíamos. Era suficiente.
Sabe que lo amo para siempre. Sé que me amo como a nadie.
Ella desapareció cuan zorro tras el crimen. Ella era natural.
Nos acompañamos, supe ganarme su cariño. Supo utilizarme, aprendió a amarme.
Me enseño. Me mostró los canales alternativos. Se entusiasmo.
Entre los dos, un abismo, sin embargo nos preferimos como compañeros.
El fue celoso. Divertido. Atrevido. Áspero. Suicidó la amistad. Malentendió.
Volvió, lloró. Demostró. En ese momento éramos él y yo. Todos lo sabían.
Él esta en otra dimensión. Él tomo lo que quería y se largó. Como todos hacemos.
Fuimos crueles, fuimos unidos, fuimos transparentes. Fuimos extraños.
Las fotografías solo retienen irrealidades. Nada vuelve. Todo perece.
La perennidad es un cuento perverso. La eternidad un derecho negado.
El dolor una constante. El amor un destello de color. El odio un borrón.
Si te marcó una vida, estate seguro de que la marcaste también.
No hay comentarios:
Publicar un comentario