
Los Durazneros de Durham
Dos durazneros dormidos durante decenios despertaron en Durham. Dieron dobles dosis de duraznos de diversos diámetros. Decenas de Durhamenses declararon decididos que dichos duraznos deambulaban. Dos doctores dudaron del declarado dinamismo de dichos duraznos. Decidieron dilucidar dicho debate dirigiéndose a Durham dispuestos a demostrar la decadencia de la disparatada discusión. Dos días después dieron con dos durazneros debiluchos, deshojados y deficientes. Defraudados y disgustados debido a la donosidad de los Durhamenses desistieron de dirigirse a Durham y durmieron debajo del duraznero derecho.
Despertaron derrochando dundera. Divisaban descreídos una disparidad degenerativa desconcertante. Duraznos de distintos diámetros en el duraznero derecho y decadencia diametral en el duraznero deferente. Describieron después de días los dos doctores: “Duraznos daba el duraznero derecho, de deambular desordenadamente dichos duraznos durante el día… decididamente denegado”.
Después de dramáticos debates decidieron dormir debajo del duraznero deficiente.
Despertaron despejando dudas. La disparidad desconcertante se demostró en el duraznero deferente. Desdichados doctores se desentendieron de dogmas dominantes y deliraron divagando sobre Dríada, duendes y druidas. Al fin decidieron degustar delicadamente dos duraznos… Deliciosos! Devoraron desquiciados diez duraznos, doce duraznos. Después de dieciocho duraznos, los dos doctores divisaron decenas y decenas de dromedarios deslizándose de lado desde dunas de dados y doblando dedos con los dientes. Despavoridos dispararon delirantes. Divisaron ahora doscientos dinosaurios deformados demoliendo divanes dorados. Dios! duraznos drogones! Dijeron los dos. Después dirigieron denuestos denigrantes a los Durhamenses. Definitivamente drogados! Dirimieron diplomáticos.
Después discernieron que el dichoso dinamismo de los duraznos se debía a Durhamenses drogados de Duraznos. Discurrían demenciales disertando distorsionados discursos de duraznos disparatados. Despojados de decencia no discreparon al decidir dar dignas disculpas a los Durhamenses. Los dos doctores dejaron discretamente Durham, dotados con decenas de duraznos.
Esta excelente el cuento, felicitaciones.
ResponderEliminar